miércoles, 04 de noviembre del 2009 a las 11:33
EL HACHA
La nobleza, la generosidad, la gratitud, se recompensa muchas veces de esta manera.
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El hacha no tenía astil y el árbol se la cedió, pero el árbol no sabía del hacha su condición, y en un gesto generoso su madera le ofreció.
"Toma de mí lo que gustes" - el árbol le aconsejó - y de sus miembros más nobles el hacha se aprovechó: ya era un todo su poder y de orgullo se llenó.
El hacha se sintió fuerte en manos del leñador y para probar su fuerza al noble árbol taló, dando golpes sin piedad sin la menor compasión.
Sintió sangrar su cintura en su mejor esplendor, y al ver al hacha homicida, el árbol se estremeció. ¡Probaba el hacha su fuerza en quien pujanza le dio!
Los lenguajes de las aves condenaron la traición, viendo que vertía el árbol la savia de su dolor y perdían los ramajes que su aposento les dio.
El sol, vida de aquel árbol, con la lluvia dialogó. ¡Sobre el móvil que trataron tan sólo lo sabe Dios. . .¡
Y así, con la ingratitud, su fiereza respondió, fría como el duro acero, con el mayor desamor.
Más o menos como el hacha empleamos la razón, y con heridas pagamos a veces un noble amor.
La nobleza tiene un precio. . . y su importe: ¡LA TRAICIÓN!
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-Manuel Cornejo González-
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